Merece la pena

Ayer me di cuenta de por qué sigo intentándolo. Sé que quiero ser médico, aunque eso me cueste 3, 4 ó 5 años más de palos. Prácticas como la de ayer son las que me devuelven las ganas de estudiar, de aprender.

Porque no todos los días tienes en tus manos una vida, aunque sea porcina. Disecar cuidadosamente la yugular y la carótida, notar cómo laten. Insertar la vía, con extrema precaución, para no hacer un agujero de salida. Sufrir con cada gota de sangre que se escapa de su sitio. Estar atenta a cualquier movimiento del animal, por leve que sea, para que le pongan más anestesia, que no sufra.

Y mirar, como un niño que descubre el mundo, cómo late el corazón in situ, cómo se expanden los pulmones, cómo se contrae el diafragma. Y en ese momento surge una sonrisa en mi cara, que dura muchas horas, y que recuperaré cada vez que pierda la esperanza de acabar, cada vez que me den un palo, cada vez que me desmoralice. Porque ver un corazón latiendo es lo más bonito del mundo.

Finalmente, una sobredosis de anestésicos y potasio paran ese corazón.

No ha habido dolor.

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Una respuesta para “Merece la pena”

  1. Buleria Dice:

    ¡Pues claro que sí! Supongo que sabes lo bien que te entiendo. Firmo todo lo que escribes. Hay que apretar los dientes y seguir aunque el camino sea cuesta arriba porque en algún sitio estará la cima. Un beso.

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